Un millonario en un burdel de la Zona Roja de Asunción. Julio 2010

La moneda oficial de Paraguay es el Guaraní. Te dan un poco más de 6.000 Guaraní para un euro. Así que, con 220 euros, tienes aproximadamente 1,5 millón. En Asunción yo era millonario. ¡Pero mi fortuna sólo equivalía al salario mínimo! Por otro lado, yo era de hecho un millonario para la señora que vende billetes de lotería en la calle. ¡Con mi millón y medio en el bolsillo, yo estaba listo para vivir una vida de millonario!

Cuando regresamos al apartamento en mi segunda noche en Asunción, mi anfitriona de Couch Surfing, Princesa, me dijo que estábamos en medio de la zona roja. Más tarde me enteré de que el negocio del sexo es muy activo en Asunción y en Paraguay en general. “Toda la ciudad es una zona roja”, me dijo un amigo unos días más tarde. Caminaba junto a Princesa a dos cuadras de la casa y me di cuenta de que estábamos rodeados por los burdeles, uno junto al otro, y muchos más en los alrededores que yo no podía ver. Estábamos a pocas cuadras del centro, de los bancos, restaurantes y bares elegantes, a pocas cuadras del Palacio de Gobierno y del centro político, con prostíbulos en todas partes por todos lados.

La tercera noche, Princesa tuvo una reunión con amigas y colegas. Empecé a sentirme un poco aburrido en el apartamento. Aurelia – la otra couch surfer de Francia – estaba en la computadora, ocupada como una abeja en su blog y correo electrónico. Yo estaba intrigado por los burdeles. Nunca había visitado ninguno. Fui a cabarets y clubes nocturnos excéntricos con algunas prostitutas aquí y allá, pero nunca un burdel latino. Yo estaba en el centro de la zona roja. ¿Una casualidad o una oportunidad? El antropólogo en mí se estaba impacientando. ¡Que más podía uno hacer aquí, de todos modos! Yo no quería ir por el sexo. Quería descubrir este universo en todos sus detalles. Le hablé a Aurelia de mi intención de ir a tomar una copa en un prostíbulo cerca de la casa. Le expliqué mi interés por hablar con las chicas y aprender todo acerca de ellas. La invité a venir conmigo. Después de vacilar un momento, ella finalmente accedió a acompañarme.

Eran las 20:00 o 21:00 cuando nos fuimos al burdel. Mi anfitrión me había mostrado varios a dos cuadras del apartamento. Estábamos en una zona segura. Yo solo llevaba conmigo lo que necesitaba para la noche. ¿Por qué tomar riesgos? Caminamos dos cuadras, pasando dos burdeles. Luego doblamos a la derecha y nos detuvimos frente a un burdel con paredes azules un poco sucias. Tres mujeres estaban paradas en la puerta. “No queremos sexo. Sólo queremos tomar y compartir unas copas, charlar y divertirnos por un ratito. ¿Podemos entrar?” “Sí, pueden. Pasen” respondió una de ellas abriendo el paso. Entramos en un corredor largo. Más adelante, había un patio con aseos y habitaciones. Era una casa antigua de estilo español que necesitaba un poco de mantenimiento. No fuimos tan lejos y entramos en una pequeña habitación justo a la izquierda. Era el bar. Había dos sofás, uno a la derecha y el otro a la izquierda, dos o tres sillas de madera, un bar y una pequeña mesa con una pequeña radio con reproductor de CD. Fui a la barra y pedí tres cervezas y dos whiskys con Coca Cola para dos chicas que me lo pidieron.

Aparte de una muy joven – 20 años de edad – que era bastante atractiva, las mujeres estaban en su treintena, no muy atractivas y algunas un poco gorditas. Había seis o siete de ellas. Una de quizás 35 o 40 años estaba muy feliz de vernos allí. Ella estaba dispuesta a pasar un buen rato con los visitantes del extranjero. Fue la que nos había recibido. Se llamaba Soledad y se podía ver en su rostro y sus ojos muchos años de lucha y de soledad. Su apodo le convenía. Las chicas también la llamaban Sol, una versión más corta para Soledad, pero Sol es también otro nombre que le quedaba muy bien en este momento. Su rostro estaba radiante. Ella estaba feliz. La Princesa – no mi anfitriona, pero otra princesa – estaba sentada en el sofá a mi izquierda, un poco aislada de las demás. Me pareció bastante extraño tener una Princesa en cada universo, a dos cuadras una de la otra, cada una viviendo en un mundo muy diferente. Ella era muy joven – 20 años – y tenía ojos hermosos y una sonrisa encantadora. Ella era muy tímida, ocultando sus dientes de manera que no podíamos ver que había perdido un diente debido a una infección. Ella dijo que visitaba regularmente al dentista cerca de allá – 2000 guaraníes por visita – y pronto tendría un puente. El puente era muy caro y estaba ahorrando para ello. Yo estaba feliz de ver que tomaba buen cuidado de sí misma. Me gustó ella de inmediato. Era muy tímida y pequeña de estatura. Difícil de resistir! Y también había Giselle, Catarina y algunas otras cuyo nombre olvidé. Me hice buen amigo con Sol quien respondió honestamente a mis preguntas y me ofreció su protección. Era una figura importante en su grupo, tal vez el jefe. Sin duda ella era un líder. Nancy – La Princesa – se convirtió en mi “Enamorada” porque yo le di un poco más de atención. La invité varias veces para el almuerzo y la cena, y la invité a una noche de baile, pero nunca tuve relaciones sexuales con ella. Esto es parte del romanticismo que uno puede encontrar en estos lugares de la zona roja.

La Princesa Nancy estaba cerca de la radio y se convirtió en el DJ de la noche. Escaneaba las estaciones de radio en búsqueda de canciones para bailar. Todas ellas compartían unos tragos bien cargados que yo les ofrecía. Charlamos y bailamos. Aurelia era una buena bailarina, muy excéntrica en algunos de sus movimientos y todos nos reímos mucho con ella. Mi objetivo era escucharlas hablar de sus vidas y hacer nuevas amigas. El lugar no estaba muy ocupado. El propietario, como le llamaban, vino a ver si estábamos bien y contentos. Él era muy amable y respetuoso. Pasamos dos o tres horas en el burdel. Gasté alrededor de 30 euros, y no me arrepiento. Yo era un millonario, ¿te acuerdas? Invité a Sol y a Nancy para el almuerzo al día siguiente. Algunas estaban totalmente borrachas, incluyendo Sol. El whisky con Coca estaba realmente muy fuerte.

Cuando volvimos a casa, los huéspedes de nuestra anfitriona habían desaparecido, y ella trabajaba en una obra de teatro que estaba escribiendo para su escuela. Había encontrado un poco de la hierba famosa del Paraguay y Aurelia y yo pasamos el resto de la noche charlando en una nube de humo. Me fui a la cama – un colchón delgado en el piso – muy tarde y muy agotado. Me quedé dormido instantáneamente. Esto era el ritmo que íbamos a seguir toda la semana. Cuando me fui de Asunción siete días más tarde, estaba físicamente agotado y necesitaba unos días para descansar y recuperarme en un ambiente tranquilo y silencioso. También gasté dos veces más de dinero que planeado. Con la llegada de Aurelia al apartamento, mi relación con Princesa cambió drásticamente. ¡Qué lástima! Ella se acercó más a la francesita y dejó de hablarme de ella misma. Las dos eran como adolescentes, hablando de hombres y aventuras y pasando el día en el Internet. Aurelia pasó algún tiempo charlando conmigo cuando Princesa estaba ocupada en la red o trabajando en sus proyectos y pasamos unos ratos muy agradables juntos. Pero yo estaba un poco aburrido en la casa escuchándolas hablar y reír y yo fumando demasiados cigarrillos baratos en la terraza.

Como prometido, volví al burdel al día siguiente con mi amiga francesa e invitamos a dos chicas a almorzar, Sol y Nancy. Una tercera se unió a nosotros, sin ser invitada, pero eso no me molestó. Caminamos una cuadra y nos metimos a un restaurante popular donde nuestras nuevas amigas comen varias veces a la semana. “Me gusta el pollo el jueves”, dijo Sol. Pidieron un plato de pasta y pollo y pedimos papas fritas y una ensalada, como siempre. Nos costó unos 16 euros todo incluido con una botella grande de Coca y cuatro barras de chocolate. Aurelia hacia pendientes y les dio un par a cada una de ellas. Estaban muy emocionadas. Durante los tres días siguientes, he visitado varias veces el burdel para beber una o dos cervezas y hablar con las chicas. Llevaban sus aretes nuevos. Invité a Nancy a una fiesta en un club nocturno y le di algo de dinero – 20 euros – para compensar por su ausencia del trabajo. Me enteré de que cobran 40.000 guaraníes por cliente, alrededor de 6,5 euros. A menudo se pasan el día sin hacer absolutamente nada, esperando a los clientes sentadas en sus sofás. Tres de ellas alquilan una habitación en el burdel, pagando un alquiler mensual y todas le dan una comisión al propietario para cada cliente. “Primero tenemos que darle el dinero, y luego entramos en la habitación”, explicó Sol. No me dijo cuánto. La mayoría de ellas me dijeron que habían ido a la escuela hasta los 13 o 14 años y que sabían leer y escribir. Pero ninguna de ellas habían leído un libro entero, y nunca habían leído nada desde que salieron de la escuela. Tienen que ir a un examen médico cada mes para una prueba de sangre y una revisión completa. El uso del preservativo es obligatorio. Sin embargo, todas tenían al menos dos o más niños, todos con sus madres. Una joven de 20 años tenía 2, otra de 22 tenía cuatro. Todos sus ingresos servían para cubrir las necesidades de los niños y su educación. Dudo que ninguna de ellas tuviera suficientes clientes para ganar el salario mínimo de 230 euros al mes, 1,5 millones de guaraníes. Vestían con ropas simples, pero un poco excéntrica, colorida y atractiva como exige su trabajo, el tipo de ropa que encuentras barata en el mercado de la ciudad. Ellas nunca han recibido la visita de un trabajador social y no estaban al tanto de la asistencia social o capacitación que puedan recibir. Una de ellas estaba recibiendo un tratamiento gratis en un centro de desintoxicación, no lejos de allí, para librarse de su adicción a la cocaína crack. Por lo que he escuchado de diferentes personas, la cocaína crack ha entrado recientemente en la ciudad y rápidamente superó el mercado de la marihuana. Es casi imposible encontrar hierba en Asunción, mientras crack se vende en todas partes en los barrios bajos. Es aterrador pensar que esta ciudad muy agradable – todo el mundo en las tiendas y las calles contestó amablemente a nuestras preguntas – pronto se convertirá en un ámbito de la delincuencia y un lugar peligroso para caminar en la noche debido a la expansión de esta horrible droga. Odio intensamente a los traficantes de crack!

Mi anfitriona Princesa y Aurelia habían decidido salir y divertirse. Es una cosa de “niñas”, me dijeron, una manera clásica de decirle a un hombre que no está invitado. Así que fui a bailar con la otra Princesa, Nancy. Otra chica – Giselle – me preguntó si podía venirse también. Le dije que podía, pero que no iba a darle dinero. Yo iba a pagar por su comida y bebidas. ¡Y créeme, bebió un montón! Fuimos primero al Bar Pirata, una discoteca del centro que alguien había recomendado, no muy lejos. Mis dos amigas estaban vestidas con poca excentricidad, así como van a bailar las mujeres. Pagué el precio de la entrada – gratuita para las niñas – y unos minutos más tarde, un guardia de seguridad se acercó y nos dijo que nos teníamos que ir. Oí que no estábamos vestidos adecuadamente para el lugar. Pero creo que él conocía a mis dos amigas y que ellas no eran bienvenidas aquí. Él me devolvió la entrada y salimos de inmediato. Nos detuvimos a pocas cuadras de distancia en otro bar discoteca, un poco menos elegante, pero cómodo y agradable. Olvidamos el incidente y les ofrecí una cena a mis invitadas. Luego fuimos a bailar en la sala de atrás. Nos quedamos hasta las 4:00 de la mañana. Bailamos y bailamos toda la noche. Giselle terminó muy borracha. Ella bebió sus whiskys con coca como leche caliente hasta que se desplomó en un sofá. Mi compañera de baile y yo compartimos unas cervezas, pero sin exceso, y no estábamos borrachos. Era muy tarde cuando salimos de la discoteca. El burdel estaba cerrado con llave, así que alquilé una habitación por unas horas en un hotel que estaba muy ocupado para esta hora de la noche. Tuvimos que esperar media hora antes de entrar en nuestra habitación. Una pareja estaba ocupada adentro. El hotel no estaba tan mal. Me quedé en lugares peores que eso. Dejé las dos chicas en la habitación y decidí marcharme y regresar a mi apartamento, a sólo unas manzanas de distancia. Estaba agotado y no quería quedarme allí durante 2 o 3 horas. Giselle se había derrumbada sobre la cama y dormía profundamente. Nancy estaba en la oscuridad, algo tímida. Yo no quería tomar ventaja de la situación y de la chica, aunque mi cuerpo me lo pedía. En ocasiones puedo oír una voz en mi cabeza que me grita: “¡Pero qué idiota eres!”

Me fui y volví al apartamento. Nadie me molestó en la calle desierta. Yo no tenía llaves. Llamé el timbre y esperé. No hubo respuesta. ¡Todavía andaban de fiesta! Fui a la gasolinera a una cuadra para llamarlas por teléfono. No había teléfono público. Busqué a mi alrededor y no podía encontrar ni un solo teléfono. Volví a la casa, me senté en el umbral de la puerta de hierro y decidí esperar un rato. Me imaginé que regresarían pronto. Yo estaba en la calle a las 4:30 sentado en mi puerta en el centro de la Zona Roja de Asunción, sintiéndome seguro. Nadie me molestó. Esperé y esperé e incluso caí en un estado de semi-sueño. Cuando apareció la primera luz del día yo estaba listo para una taza grande de café. Llegué justo a la esquina de la calle cuando vi a mis dos amigas escoltadas por dos jóvenes que llegaban a la casa riendo. Sentí un poco de rabia adentro por no haber recibido un juego de llaves. Sólo quería irme a la cama. Me acosté tan pronto como abrió la puerta. Eran las 7:00.

Dormí tres o cuatro horas. Me quedé una semana en Asunción y perdí mi ritmo de sueño. Bebimos demasiado, no dormimos lo suficiente y la cama no era cómoda. Mi cuerpo necesitaba drásticamente un buen descanso. Estaba harto del frío, del ruido, del estrés de la ciudad y de la contaminación del aire. Decidí no ir a la boda del mejor amigo de mi anfitriona como estaba previsto para descansar en el apartamento e irme temprano a la mañana siguiente. Las niñas iban a la boda y pensé que andarían de fiesta toda la noche y regresarían al amanecer, justo a tiempo para levantarme. Pasé el resto del día soñando en la terraza. Las chicas pasaron el día en el Internet. Alrededor de las 20:00, estaban listas para ir a la boda. Yo había hecho y pagado por un juego de llaves. El tipo que copió las llaves se vino conmigo a la casa para asegurarse de que funcionaban. Estaba a punto de cerrar su tienda y era un profesional muy dedicado. ¡Qué bueno que él vino porque una de las claves necesitaba un ajuste!

Dejé el apartamento junto con mis amigas que desaparecieron en un taxi y fui a invitar a Nancy a cenar. Fuimos a dos cuadras a otro de estos restaurantes populares. Otras querían venir. “Sólo quiero un poco de tiempo privado con mi novia,” les respondí. Pedí mis famosas papas fritas (¿qué otra cosa?) Y, sorprendentemente, Nancy pidió lo mismo. Ella estaba muy cansada, no había dormido bien y realmente no quería comer gran cosa. Acabábamos de llegar cuando Sol apareció, y Giselle, y otras dos chicas. Hablaban en voz muy alta, reían, se burlaban de mí y se divertían cariñosamente con nosotros. Sol quería que me llevara a Nancy conmigo. Pensé que sería agradable pasar algún tiempo con una chica guapa y ver cómo podía motivarla e inspirarla a salir de esto y mejorar radicalmente su vida. Ella era la más bonita de todas, con unos ojos tímidos y la piel y cuerpo de una Latina. Difícil de resistir. ¿Te he dicho que a menudo puedo oír una voz en mi cabeza que me grita “¡Pero qué idiota eres!” Y sin mencionar el impacto en mi presupuesto diario! Ayudar a una de ellas sería genial, pero ¿qué pasa con todas los demás? ¿No merecen una oportunidad también?

¡Ja! ¿Sobreviviré a los prostíbulos de Asunción?

Dejé a Nancy a su puerta después de la cena. Se veía tan agotada como yo. Volví al apartamento como a las 21:30 horas. Todo estaba tranquilo y agradable. Revisé mi correo electrónico – Princesa me mostró cómo conectarme. ¡Qué bueno! Hice una pequeña investigación sobre wwoofing en Australia y Nueva Zelanda, vuelos, y visas. Sentía que un proyecto se estaba formando adentro de mí desde hacía un mes y tenía que conseguir cierta información. Quería dormir temprano, pero no podía. Mi ritmo de sueño había cambiado. A la medianoche, me fui a la cama. No podía dormir. Me tomó más de una hora para finalmente entrar el mundo de los sueños. Una hora después me desperté en medio de un barrullo fenomenal. Las chicas estaban de vuelta con una pareja, una de los colegas de Princesa y su amigo. Encendieron las luces, como si yo no estaba allí. Me levanté, fumé dos o tres cigarrillos y volví a la cama después de una hora. ¡Qué exceso de ruido aquí! Finalmente, alrededor de las 4:00, se fueron los amigos y todos se fueron a la cama. Me programé para levantarme temprano y alrededor de las 8:30 volví a la realidad.

Me tomé un café y desperté a Princesa, como lo había solicitado. Ella despertó a Aurelia. Nos dimos un beso, nos deseamos lo mejor de lo mejor y juramos que mantendríamos contacto. Estaba yo de nuevo listo para seguir mi camino. “Te mando un e-mail…”

El autobús que va hasta la Terminal de autobuses se detiene frente a “mi” burdel. Me fui allí con la mochila. Habían abierto las puertas principales del bar y había un fuerte olor a cerveza. Dos mujeres estaban allí con un hombre, un cliente o socio, tendidas en un sofá que se veía demasiado pequeño para ellas. Les pedí que despertaran a Nancy. “Me pidió que la despertara antes de irme.” Nancy llegó diez minutos más tarde, en las nubes. Se veía que no había dormido mucho. “Podría irme contigo,” dijo, “Podría ir a Europa. Pero yo echaría de menos a mis amigas y no quiero echarlas de menos.” Le di un último abrazo y me fui con el siguiente autobús.

Hay muchas cosas que puedes hacer en una ciudad como Asunción, muchas que he hecho en muchas otras ciudades. También hay una gran variedad de personas que puedes encontrar: artistas, académicos, ingenieros, educadores, trabajadores sociales, obreros, gente de clase media y alta, aristócratas, filósofos y también muchos borrachos. A menudo, todos comparten un estilo de vida muy similar en todas las ciudades, incluso entre distintos países. Estoy muy contento de haber explorado aquí algo muy diferente y que yo nunca había explorado. Siempre tendré un lugar especial en mi corazón para estas profesionales del sexo que he conocido en Asunción y que se han convertido en mis amigas. “No te preocupes por nada aquí”, dijo Sol el segundo día, “Tú te puedes sentir en total seguridad. Nada malo te puede pasar mientras estás aquí con todas nosotras.” Yo me encontraba en el lugar más seguro de América del Sur.

De vuelta en la carretera. Estábamos ya fuera de Asunción. Estaba en el autobús para Villa Florida. Ya era hora de encontrar un lugar para descansar y reconstruirme. Yo todavía era un millonario, con 1,2 millón en los bolsillos. ¡Había sobrevivido a los prostíbulos de Asunción!

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