De Santa Cruz, Bolivia a Asunción, Paraguay. Julio 2010.

Pasé mucho tiempo en Santa Cruz, demasiado. Primero, esperé¬ cuatro días a mi regreso de Argentina hasta que el propietario de la finca donde yo tenía la intención de ir regresara de vacaciones. Aproveché de la oportunidad para actualizar mi blog y me paseé mucho por el centro de la ciudad. Caminé y caminé y no encontré nada remarcable, solo un restaurante vegetariano muy bueno a pocas cuadras de mi hostal en la calle Ayacucho, a cuatro cuadras de la plaza principal. La comida era excelente y barata.

Un día, mientras yo estaba trabajando en mi blog en un cyber café bastante agradable, decidí ofrecer mi colección de música al gerente del lugar. Tenía una música de fondo muy agradable y pensé que le gustarían unos cuantos cds de mi selección. Él era más feliz que un pez en el agua. Desde ese día, no quiso cobrarme por mi acceso al Internet, y nos hicimos amigos. El mismo día conocí a un hombre de La Paz, que trabajaba en Santa Cruz en un proyecto para un grupo ecologista. El era diseñador gráfico y trabajaba con Adobe Flash. Esta es la herramienta que yo utilizo para escribir mi herramienta de enseñanza. Empezamos a hablar y tomamos unas cuantas cervezas en el pub irlandés justo en la plaza principal. Hablé acerca de mi proyecto y que él estaba muy interesado. Decidimos encontrarnos de nuevo al día siguiente y le ofrecí mi colección de música. Era diferente para mí conocer a una persona implicada en la concepción y el diseño y disfruté hablar con él. Al día siguiente, transferí la música a su computadora portátil y él insistió en darme la última colección de la Suite de Adobe. Yo estaba muy satisfecho con el intercambio. Lo dejé tarde en su casa pensando que nunca lo volvería a ver ya que me iba a la granja al día siguiente.

Sólo estuve dos días en la granja (ver el blog anterior) y regresé a Santa Cruz, donde todavía tuve que esperar el momento adecuado para ir a Asunción. La mujer con la que estaba en contacto a través de Couch Surfing me sugirió llegar el sábado a Asunción. Volví a mi habitación humilde del hotel del centro donde me había quedado anteriormente, y me puse en contacto con mis dos nuevos amigos. Instalé la Suite de Adobe en el cibercafé y le di un curso intensivo de seis horas de programación a mi amigo el artista gráfico. Creo que les dejé a los dos en un camino más abierto, listo para seguir adelante y mejorarse. Aunque no tenía interés en quedarme en Santa Cruz, me gustó mucho el restaurante vegetariano donde comía dos veces al día para 12-15 bolivianos por comida. El clima había cambiado radicalmente e hizo un frio muy húmedo durante mis tres últimos días en Santa Cruz. Luego vino el día de mi salida a Asunción. Tomé un taxi desde mi hotel a la terminal. Cuesta sólo 10 bolivianos, y es más fácil con la mochila. El conductor quería hablar y me preguntó una serie de cosas. Le expliqué brevemente lo que estaba haciendo y quién soy. Él era muy amistoso y solidario. Citó algunos versos de diversos personajes históricos y escritores, todos en perfecta armonía con lo que le decía. Muy positivo y feliz. Hasta me dio pena llegar tan rápido a la Terminal. No quiso recibir mi dinero cuando yo le ofrecí. “No, por favor. Todos necesitamos gente como tú. Es un honor tenerte en mi coche. “¡Ah! Que lindo! ” le dije. Me conmovió mucho y le estreché la mano con cariño. ¡Qué despedida de Bolivia!

Compré mi boleto para Asunción dos días antes por el equivalente de 50 dólares. Me dijeron que el servicio era excelente, los autobuses nuevos, confortables con todas las opciones, incluyendo comida. “Sí, vamos a servirle comida vegetariana.”

Media hora antes de salir, me mandaron a otra oficina pequeña para registrar mi equipaje. Allí me di cuenta de que el bus era el mismo para las otras tres o cuatro empresas que venden los boletos. En lugar de 17 horas, como habían dicho, el viaje duró 24 horas. Salimos a las 20:00 con una hora de retraso, todos congelados en el interior del autobús. Tenían calefacción, pero no funcionaba. También había un televisor para películas y música, pero tampoco funcionaba. Me dieron dos galletitas para el desayuno el día siguiente, y tres plátanos y una manzana para el almuerzo. Había comprado una comida adicional en el restaurante vegetariano, pan y maní (cacahuates) y no pasé hambre. Pero como todo el mundo, estaba congelado durante todo el viaje.

Era como estar en un autobús loco. Iba e iba sin tomar un solo momento de descanso. Nos detuvimos una vez en la frontera con Bolivia para nuestro sello de salida y el cambio de dinero en guaraní. Eran las 6:00. Luego nos detuvimos al mediodía, en la aduana e inmigración de Paraguay. Los oficiales no llevaban uniforme militar pero se comportaban como gente del ejército. Salimos del autobús y formamos una línea con nuestro equipaje delante de nosotros. Luego se subió un perro dentro del autobús y luego olió cada equipaje. Eso duró quizás 15 minutos. Hacía mucho frío. Yo sólo quería un buen café y un cigarrillo o un mate caliente. Abrieron cada bolsa y maleta. Esta es la primera vez en años que veo un control tan estricto. El funcionario de inmigración fue muy agradable. Él no me pidió nada, puso su sello de entrada con un permiso de 90 días y me devolvió mi pasaporte con una sonrisa de bienvenida.

Llegamos a Asunción a las 20:00 bajo la lluvia. La ciudad estaba bajo el mismo frente de frío extremo de la Argentina que en Santa Cruz. La temperatura había descendido de su habitual 25 a 30 grados centígrados a 3-6 grados. Hacía frío y el aire estaba muy húmedo durante la noche, con lluvia incesante durante casi una semana. Mi suerte!

Llamé al couch surfer con quien había estado en contacto. Su apodo era “La Princesa”. Ella estaba feliz de oír mi voz, e insistió en venir a buscarme a la estación de autobuses. Tenía que esperar 30-40 minutos. Todo bien! Curiosamente, me había encontrado en el autobús de Santa Cruz a una joven francesa – de 29 años – llamada Aurelia. También era vegetariana y couch surfer. Ella estaba en contacto con otra anfitriona, pero esperaba una confirmación final. Se fue a leer su correo electrónico en un cibercentro de la Terminal y obtuvo su confirmación. Todas las Terminales parecen tener cibercentros hoy día. Charlamos un rato, intercambiamos correos electrónicos y un abrazo, y luego se fue en un taxi en la noche bajo la lluvia.

La Princesa llegó media hora más tarde. Ella se sintió aliviada al verme porque tuvo problemas para encontrarme. Parecía agradable, un poco tensa y estresada, pero también lúdica y feliz como una niña. Llegamos al centro de la ciudad en un autobús de la ciudad – el colectivo – y caminamos dos cuadras para llegar a su pequeño apartamento, en un lugar cómodo y seguro. Tenía una terraza con un techo cubierto de pequeñas flores de jazmín. Lamentablemente para mí, no era la temporada de floración. Tomé una ducha caliente, luego una sopa caliente que ella me había preparado y salimos más tarde por la noche a un restaurante italiano donde algunos de sus amigos tenían una cena de cumpleaños. Había psicólogos, profesores, educadores y una actriz. De las ocho personas, había 3 parejas gay o lesbiana. A la 1:00, volvimos al apartamento, charlamos durante una hora antes de dormir finalmente.

El primer contacto con Princesa fue agradable y personal. Rápidamente me habló honestamente de ella misma y de unos momentos de crisis que había experimentado recientemente. Al día siguiente recibimos una llamada de teléfono a media mañana de la mujer que alojaba a Aurelia. Ella era amiga de Princesa. Nos reunimos para el almorzo en un centro comercial moderno del sector de la clase media de la ciudad. Una copia del American Style Shopping Center. Almorzamos y pasamos un rato muy agradable todos juntos. La anfitriona de Aurelia estaba a punto de recibir a unos miembros de su familia y Princesa aceptó de ser también el anfitrión de la chica francesa. Aurelia se iba a venir con nosotros al día siguiente. Así que estuve compartiendo ese pequeño apartamento con estas dos mujeres.

Cuando regresamos a la casa, Princesa me dijo que estábamos en el corazón de la zona roja de Asunción. Más tarde me enteré de que el negocio del sexo es muy fuerte en todas partes de Asunción y Paraguay en general. “Toda la ciudad está en la zona roja”, me dijo un amigo unos días más tarde. Entonces me di cuenta de que estábamos rodeados de prostíbulos, uno al lado del otro, a una cuadra de mi puerta, y con muchos otros en el vecindario. Estábamos a pocas cuadras del centro, bancos, restaurantes y bares elegantes, a pocas cuadras del Palacio de Gobierno y del centro político, con burdeles por todas partes.

Recorrimos la ciudad a pie y en autobús. Para mí, la ciudad no es muy atractiva. Hay algunos hoteles hermosos, palacios y monumentos históricos y también edificios de los siglos 18 y 19. Pero nada impresionante. El centro es como en cualquier otra ciudad, el estándar del entretenimiento occidental. En cambio, los burdeles o prostíbulos eran otra cosa.

Lee la siguiente entrada: Millonario en un burdel de Asunción.

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